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Era 29 de mayo y asistimos a la clínica a hacernos una ecografía, ese día se decidiría todo. No había empezado trabajo de parto, me había sentido diferente, si. Pero no había señal alguna de que Olí quisiera nacer.
Estuvimos en urgencias a la 11 de la mañana, esperando que me realizarán unos exámenes. Hacia las tres de la tarde nos llamó la doctora al consultorio para contarnos los resultados de la monitoría y de la ecografía. Entramos al consultorio y la primera pregunta de la doctora fue “¿qué has comido hoy?” Me pareció un poco extraño que me preguntara eso, y sólo le dije “¿cuándo, antes de la monitoría?” Pues en ese examen se vio que el bebé estaba muy quieto y pensé que tenía algo que ver el hecho de que no hubiéramos almorzado. Entonces ella volvió a preguntar, le conté que al medio día me comí una granadilla y medio dedito de queso, que tenía hambre porque no habíamos almorzado, y entonces ella dice “no puedes comer nada” eso ya me pareció extraño y de alguna manera ya sabía lo que venía.
La doctora nos comentó que ya había hablado con el ginecólogo y que él había decidido operarme hoy, pues el líquido amniótico estaba bajito. Entonces David y yo nos miramos sorprendidos y sólo dije “¿Cómo así? ¿Mi bebé nace hoy?” Y la doctora un poco antipática nos miró con cara de “¿no escucho lo que le acabó de decir?” Y dijo “Si”…

En ese momento sentía mil cosas al tiempo, felicidad porque ya iba a conocer a mi bebé, nervios por el procedimiento, dudas, ansiedad…pensaba que nada había sido como lo habíamos pensado…sentí alivio porque habíamos llevado la maleta a la clínica, claro està sin pensar que nos quedaríamos ese día…

A las 3:30pm me subieron a prepararme y me llamó el ginecólogo. Un excelente médico, pero sobretodo excelente persona, el Dr. Ruiz me explicó su decisión y me dijo que a las 5:30 nos veríamos para el gran momento. Mi esposo y yo estuvimos en la sala de preparación como una hora, mientras me canalizaron y me hidrataron. Allí hablamos de lo que estaba a punto de pasar, yo estaba muy nerviosa y él muy tranquilo, así que hubo un balance. Oramos, pedimos por nuestra salud, por la sabiduría del equipo médico y por nosotros como familia. Las lágrimas se me escurrían, realmente estaba muy nerviosa, pues nunca pensamos que podríamos terminar en cesàrea…tenía miedo de lo desconocido. Nuestro gran error fue siempre pensar que todo iba bien y que sería parto vaginal, nos preparamos sólo para eso, se nos olvido que esta ciencia es totalmente impredecible…

A las 5 me llevaron a la sala de cirugía y allí empiezan las dos horas más bellas, más extrañas y más intensas de mi vida…también hubo espacio para la risa…

continuará en la parte 2 lee aquí

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